La negación que no destruye sino que confirma
es quedarme mientras te miro con todo ésto que no puedo dar flotando en el iris,
es mi pupila un agujero negro que todo traga,
que anhela ser dilatada por la luz cedida de una cama vacía.
Cuando no hacías falta,
era más necesario el parpadeo que el polvo suspendido.
En este ambiente, y en tantos otros,
conformismo es pedirte que te quedes sintiendo que te marchas.
(La trifulca número IV no será otra que de nuevo la primera, que precede al eterno negado en vida. Como debe ser.)
miércoles, 14 de noviembre de 2012
viernes, 9 de noviembre de 2012
Trifulca II: Me he mudado a los gimoteos.
Hoy he sentido como una de ellas descendía por mi garganta. Aquellas gotas una vez acumuladas entre párpados son filtradas a través de la córnea dejando algún sodio entre tejidos, pocas encuentran su muerte silenciosa en las fosas nasales por evaporación mientras otras empapan la sangre con disimulados sollozos de conformismo.
Si nosotros fuéramos ciudades, si fuéramos lugares, si sin duda alguna somos habitados y recorridos, entonces, las lágrimas serían los poetas.
Un grito gotea, y por eso ya no lloro las noches por ti ni los días por mí.
martes, 6 de noviembre de 2012
Argumentos, pruebas, fundamentos, pretextos, defensas, disculpas, discursos a la tribulación. Trifulca I: Buenas noches.
Buenas noches no es cerrar los ojos,
no es dormir de sueño o de vida.
Buenas noches no es más que
la educación que precede a la culpa debida,
a no saber que añadir.
O que decir al desnudarse incompletos.
Cómo preguntar si algo pasa con la certeza de que el árbol acabará derrotado por el temporal del reloj.
Me duele la rodilla con la nula duda
de que se acerca el próximo
Es tan cercano el día que empezara a confundir amaneceres y atardeceres que hasta su piel ha dejado de sentir el rayo sol. Resucitamos el día de todos los santos sin vida deseada ni añorada.
El fantasma de lo que es ahora me enterró en el jardín sin que nadie me llorara un puñado de flores secas.
Tribulación.
no es dormir de sueño o de vida.
Buenas noches no es más que
la educación que precede a la culpa debida,
a no saber que añadir.
O que decir al desnudarse incompletos.
Cómo preguntar si algo pasa con la certeza de que el árbol acabará derrotado por el temporal del reloj.
Me duele la rodilla con la nula duda
de que se acerca el próximo
e incontable
último beso.
Es tan cercano el día que empezara a confundir amaneceres y atardeceres que hasta su piel ha dejado de sentir el rayo sol. Resucitamos el día de todos los santos sin vida deseada ni añorada.
El fantasma de lo que es ahora me enterró en el jardín sin que nadie me llorara un puñado de flores secas.
Tribulación.
sábado, 13 de octubre de 2012
A las puertas del beso.
Tirito en tu oreja a mordiscos de distancia con la misma añoranza con la que me encojo en una carcajada sorda de realidad cuando las cosquillas de tus dedos acarician la piel que recubre mis ovarios. Tus orejas son manzanas que mordisquear y tirar por el suelo por inmaduras, qué se le va a hacer, las manzanas saben escuchar bien mal, de mentira.
Mis gafas manchadas de ti, de estar ciega- ni me ves ni me dejas ver- empañada durante un pensamiento torrido, crujiente, como una tapa del bar que huele a tu ropa y se impregna en narices que crecen- Pinocho pasa los días tocando astilla- nosotros palpamos la madera de la suerte hasta que yo me la aprendo de memoria y terminamos la noche carcomidos, de años de, tocando termitas. Nuestros troncos cada vez con menor densidad (quién dice que la manera en la que tuvimos sexo no fue la mejor, esto de perder nos hace rebotar como corcho que sale a flote en cualquier diluvio).
Nos creerán, otros nos crearán y finalmente uno, Judas, nos traicionará. Me entristece ver como cada vez te vacías más por darme la mejor manera de no perder el tiempo. La mejor justificación a una enfermedad, como el enamoramiento al amor o la manera repetida en la que abres la boca para toser cuando te constipas.
Nocturnidad. Somos alevosía, somos tan inevitables que no quiero volver a saber nada de ti. Deja que me arrope, deja.
'Después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás. Es lo que se llama propiamente un lugar común.'
(Texto culpa del capítulo 18 de Rayuela.
Todo el mundo debería culpar a Rayuela de algo, muchos ya lo hacen.)
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