jueves, 4 de julio de 2013

¿Dónde están las máscaras?

Las bambalinas están en nuestra cabeza, amontonamos rostros que disimular, robos que castigar subiendo y bajando telones.
Cuándo repartieron los papeles para este teatro que interpretamos día a día: El sarcasmo y La ironía.
Me sigue dando pavor ser protagonista.
No estoy dispuesta, ni mucho menos preparada para actuar, para permitir que el público se deje llevar.
La calle donde vivo es un finito escenario con adoquines.
El mejor espectador es el corazón, juro que aplaude ferozmente cada vez que nos cruzamos en escena.
Creo que sigue asustándote, que te avisa de que el ruido va más allá del silencio.
Resulta tragicómico que nuestra buena educación se vuelva aliada de los espectadores.
Supongo que tú hace tiempo que entendiste que eras actor y espectador mientras yo analizaba el realismo del atrezo.
Soy incapaz de vivir en la verdad. Soy incapaz de disimular, agote toda mi capacidad. Perdimos los papeles, el guión, las formas, saltamos sobre el paisaje, follamos sobre el paisaje, aprendimos a modelar besos de corchopan y desmenuzamos cada día más el cartón piedra, pintamos noches bajando las persianas, inventamos días por el simple hecho de que las horas pasaban
- y no me lo puedo negar.
El tiempo a solas está sobrevalorado, nadie puede dejar de actuar ni consigo mismo.
Nos obcecamos en vernos desnudos por eso del miedo escénico sin caer en la cuenta de que hay aún más miedo sobrepasados los telones de sábanas.
Que se acabe el puto acto, porque yo me siento incapaz de pasar página.

'Todos necesitamos que alguien nos mire' y mi corazón aplaude contra mi pecho hasta que escuece cuando estás cerca: actorazo.

martes, 18 de junio de 2013

para él____ ello____ y el yo.

FUERZA: en la cama de uno de los muchos hoteles en los que hacían el amor, Sabina jugaba con los brazos de Franz:
— Es increíble —dijo— que tengas esos músculos.
Franz se alegró por el elogio. Se levantó de la cama, cogió una pesada silla de roble por la parte de abajo de la pata, junto al suelo, y la levantó lentamente.— No tienes que tener miedo de nada —dijo—, yo podría defenderte en cualquier situación.
—Es agradable ver lo fuerte que eres.
Pero para sus adentros añadió lo siguiente: Franz es fuerte, pero su fuerza se dirige sólo hacia fuera. Con respecto a las personas con las que vive, a las que quiere, es débil. La debilidad de Franz se llama bondad. Franz nunca podría darle órdenes a Sabina. No le mandaría, como en tiempos hizo Tomás, que coloque un espejo en el suelo y ande encima de él desnuda. No es que le falte sensualidad, pero le falta fuerza para mandar. Hay cosas que sólo pueden hacerse con violencia. El amor físico es impensable sin violencia.
Sabina miraba a Franz que caminaba por la habitación con la silla levantada, aquello le parecía grotesco y la llenaba de una extraña tristeza.
— ¿Y por qué no utilizas nunca tu fuerza contra mí?
— Porque amar significa renunciar a la fuerza —dijo Franz con suavidad.
Sabina se dio cuenta de dos cosas: en primer lugar, de que aquella frase era hermosa y cierta. En segundo lugar, de que, al pronunciarla, Franz quedaba descalificado para su vida erótica.

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VIVIR EN LA VERDAD: ésta es una fórmula que utiliza Kafka en su diario o en alguna carta. (...)
¿Qué es eso de vivir en la verdad? La definición negativa es sencilla, significa no mentir, no ocultarse, no mantener nada en secreto. Desde que conoció a Sabina, Franz vive en la mentira. Le divierte mentir y esconderse, precisamente porque no lo ha hecho nunca.
Para Sabina, vivir en la verdad, no mentirse a uno mismo, ni mentir a los demás, sólo es posible en el supuesto de que vivamos sin público. En cuanto hay alguien que observe nuestra actuación, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad. Tener público, pensar en lo público, eso es vivir en la mentira. Sabina desprecia la literatura en la que los autores delatan todas sus intimidades y las de sus amigos. La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo, piensa Sabina.Y la persona que se priva de ella es voluntariamente un monstruo. Por eso Sabina no sufre por tener que ocultar su amor.
El amor, cuando se hace público, aumenta de peso, se convierte en una carga. Sabina ya se encorvaba por anticipado al imaginarse ese peso.

Franz la miró largamente y luego dijo:
-Hace ya nueve meses que tengo una amante. Por eso viajo tanto. He pensado que debías saberlo.
Después de pronunciar la primeras palabras se asustó, el coraje que tenía al comienzo lo abandonó. Apartó la vista para no ver en la cara de Marie-Claude la desesperación que suponía que le iban a causar sus palabras. 
Tras una pequeña pausa se oyó:
-Si, yo también opino que debía saberlo.

(...)
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¿Qué es la coquetería? Podría decirse que es un comportamiento que pretende poner en conocimiento de otra persona que un acercamiento sexual es posible, de tal modo que esta posibilidad no aparezca nunca como seguridad. Dicho de otro modo: la coquetería es una promesa de coito sin garantía. (...)
Tomás siempre ha pretendido convencerla de que el amor y la sexualidad son dos cosas distintas. Nunca quiso entenderlo. Ahora está rodeada de hombres por los que no siente la menor simpatía. ¿Qué pasaría si hiciese el amor con ellos? Tiene ganas de hacer la prueba, al menos en esa forma de promesa sin garantías a la que se llama coquetería.
Para que no haya confusiones: No pretende tomarse la revancha. Lo que quiere es encontrar una salida al laberinto. Sabe que se ha convertido en una carga para él: se toma las cosas demasiado en serio, por cualquier cosa hace una tragedia, no es capaz de comprender la levedad y la divertida intrascendencia del amor físico. ¡Quisiera aprender a ser leve! ¡Desea que alguien le enseñe a dejar de ser anacrónica!
Promete con demasiado fervor, sin dejar suficientemente clara la falta de garantías de la promesa. En otras palabras, le parece a todo el mundo excepcionalmente accesible.




(La insoportable levedad del ser dobla páginas con valor para él, ello y el yo: Que aproveche.
Sueño el peso de las nubes.)

domingo, 19 de mayo de 2013

La vida nos da palos a los que parecemos estar ciegos.
Para que demos palos de ciego con los dedos,
y descubramos que a los palos que nos da la vida les sales flores.
Es domingo y leí que la mejor forma de brillar era arder, 
aunque esperare a que finalice la primavera y marchite las flores que ni parpadeas. 


Marchitar (De Marchito) // 1. vb Arder con las ganas a medias. SIN: Esperar

sábado, 27 de abril de 2013

Ésto no soluciona nada.

Su cabeza sostiene unos labios femeninos, una pequeña nariz redonda y vello facial, del que acariciar con los mofletes y las papilas. Acoge pequeños poros asfixiados que tumban cráneos ajenos contra el mármol de su pecho.
Sólo se afeita cuando echa de menos los hoyuelos y siempre, durante esas primeras horas de afeitado, se obliga a sufrir pequeños terremotos en cada una de las grietas de los labios hipertrofiando los músculos de sus mejillas al provocar la sonrisa. Una repetición tras otra. (Hace semanas que esta risa me parece excesivamente forzada)
No sé cuánto pero sé que le pesa cada mota de polvo en el rostro.
No sé dónde pero intuyo la situación vascular más prominente.
Lo que sí sé son sus ojos globo terráqueo donde los meridianos consiguen fugarse, sé que mojé los pies allí, en sus pupilas, quemándome en una y helándome en otra y sé que sólo él puede salir de su oscuro círculo de las Bermudas.
Porque, de verás, él tiene unos ojos azul tierra con los que siempre ver el vaso lleno de sangre y la tensión por las nubes.
Lo sé y eso que hace semanas que no le miro a la cara.
Que me perdone porque también sé que ésto no soluciona nada, pero me encantaría que supiera que yo a una pupila desierta me llevaría la cara oculta del globo terráqueo.

Me pone triste esta paciencia que nos tenemos, a veces pienso que yo ya no quiero tener nada suyo y entonces vuelvo a tirarle un puñado de comida que alimenta el ego que olvidó dentro de mí.
Definitivamente quiero perder la esperanza para tener otra cosa sobre la que escribir.