Ella hace arte sólo con escribir "arte" sobre su piel.
Ella hace arte cuando pinta una sonrisa en su cara, cuando torna tu cuerpo a mineral aún por esculpir, cuando tus carcajadas se convierten en melodía y sus ronquidos en nana.
Ella hace arte cuando golpea los baldosines de la cocina con tres espaguetis ya cocinados, como hacía su abuela, y añade salpicaduras de tomate sobre su ropa.
Ella hace arte cuando no queda nada en la nevera y planta un plato sobre la mesa. Sembrando vuestra felicidad.
Ella hace arte cuando recoge su cabello alborotado sin despegar ni un centímetro vuestros cuerpos sudados. Hace arte si te obliga a ser escultura, si te pide que poses junto a ella con la polla en su interior todavía dura. -Estamos pintando nuestros recuerdos, ¿serías capaz de dormir así?- susurra justo después de morir.
Ella hace arte si se empañan los cristales por el frío que hace ahí fuera. Y lo perfecciona si los llena de letras inconexas.
Ella hace arte al canturrear en la ducha. Hace arte cuando danza desnuda por la habitación. Ya sea bailarina de flamenco o danza de tu vientre.
Ella hace arte cuando te dice que esa tripa te hace más atractivo y te ofrece una cerveza que acabará por beberse.
Ella hace arte si al depilarse las piernas olvida barrer el suelo, hace arte cuando argumenta su olvido con hacer arte.
Hace arte, y si no que se lo digan a tu sonrisa. Tonto enamorado del arte, del suyo.
Y así. Él también hace el arte, el arte de lo cotidiano.
jueves, 28 de julio de 2011
martes, 5 de julio de 2011
miércoles, 22 de junio de 2011
Me doy cuenta.
Llega el día 14 de mi ciclo menstrual y un óvulo decide abandonar el vacío que toda mujer tiene dentro. Ese que solo se llena con el amor de un hijo.
Me percato, unas micras me abandonan y se llevan consigo mi paciencia.
Comienzan a molestarme las pisadas de mis vecinos sobre las mías, el techo me susurra a gritos que estas paredes no son más que cuatro caladas al dos papeles que es la vida.
La suciedad me distrae, me provoca mientras me impide acabar con ella.
Mis familiares corretean haciendo vibrar mis paredes, acompañan su marcha enunciando palabras sin demasiado sentido.
¿A qué viene ese malgastar de la lengua? Más de uno, dos, tres quejidos silenciosos de almas que quieren ser escuchadas.
La física empuja la puerta, otro golpe, otro delicado y delirante golpe. El inodoro se atiza a sí mismo por el empuje de unas manos educadas, adicionadas a la gravedad. Y mi respiración se altera con cada sonrisa de venganza de ese óvulo tamaño punto y seguido.
Y le echo de menos, a ese gameto que me abandona un mes más por ser otra mujer insoportable.
Vuelvo a privarle del amor, de que una cabeza traspase los límites de esa membrana hecha piel. Y otro mes más no me acostumbro.
Te echo de menos, pero solo hasta mañana.
Muy semejante a una re-saca.
Llega el día 14 de mi ciclo menstrual y un óvulo decide abandonar el vacío que toda mujer tiene dentro. Ese que solo se llena con el amor de un hijo.
Me percato, unas micras me abandonan y se llevan consigo mi paciencia.
Comienzan a molestarme las pisadas de mis vecinos sobre las mías, el techo me susurra a gritos que estas paredes no son más que cuatro caladas al dos papeles que es la vida.
La suciedad me distrae, me provoca mientras me impide acabar con ella.
Mis familiares corretean haciendo vibrar mis paredes, acompañan su marcha enunciando palabras sin demasiado sentido.
¿A qué viene ese malgastar de la lengua? Más de uno, dos, tres quejidos silenciosos de almas que quieren ser escuchadas.
La física empuja la puerta, otro golpe, otro delicado y delirante golpe. El inodoro se atiza a sí mismo por el empuje de unas manos educadas, adicionadas a la gravedad. Y mi respiración se altera con cada sonrisa de venganza de ese óvulo tamaño punto y seguido.
Y le echo de menos, a ese gameto que me abandona un mes más por ser otra mujer insoportable.
Vuelvo a privarle del amor, de que una cabeza traspase los límites de esa membrana hecha piel. Y otro mes más no me acostumbro.
Te echo de menos, pero solo hasta mañana.
Muy semejante a una re-saca.
lunes, 25 de abril de 2011
Quiero.
Quiero arrancar los pelos de tus piernas, uno a uno. Mientras tú esperas, concentrado en no mediar palabra con la esperanza de que me canse de rebuscar tus quejidos.
Otro pelo muerto, privado de acompañar tu caminar. Siento celos hasta de ellos, siempre contigo, en continuo contacto con tu piel.
Quiero
Quiero darle un bocado a todas las magdalenas que haya en casa. Los picos azucarados que tanto me recuerdan a la anatomía de mis pezones. Lo siento, hoy no provarás ese bocado, pero si tienes hambre podré ser bollería. Magdalena, bizcocho o sobao pasiego.
Quiero
Quiero acabar el papel higienico. Abandonar el molesto cartón en tu cuarto de baño. Que tengas que gritar mi nombre en busca de ayuda. Mira, hasta me necesitas.
Quiero
Quiero mojar el pan en tu plato y dejarte sin salsa. Mantener la boca llena mientras sonríes y te preguntas como me quieres tanto.
Quiero
Quiero soplar en tu nariz. Acercarme a ti en busca de un beso y acabar anclando mi boca en tu prominencia.
Quiero
Quiero comer en la cama y que te quejes porque he dejado migas entre las sábanas. -Eres un gruñón- diré, y enfurruñado como un niño buscarás mis quejas en forma de sollozos de cama.
Quiero
Quiero comer algo con cebolla y echarte el aliento.
Quiero
Quiero echarme tu colonia.
Quiero
Quiero, del verbo ser egoista. Lo extraño es que todo esto parece ser un compartiendo.
¿Qué quieres tú?
Otro pelo muerto, privado de acompañar tu caminar. Siento celos hasta de ellos, siempre contigo, en continuo contacto con tu piel.
Quiero
Quiero darle un bocado a todas las magdalenas que haya en casa. Los picos azucarados que tanto me recuerdan a la anatomía de mis pezones. Lo siento, hoy no provarás ese bocado, pero si tienes hambre podré ser bollería. Magdalena, bizcocho o sobao pasiego.
Quiero
Quiero acabar el papel higienico. Abandonar el molesto cartón en tu cuarto de baño. Que tengas que gritar mi nombre en busca de ayuda. Mira, hasta me necesitas.
Quiero
Quiero mojar el pan en tu plato y dejarte sin salsa. Mantener la boca llena mientras sonríes y te preguntas como me quieres tanto.
Quiero
Quiero soplar en tu nariz. Acercarme a ti en busca de un beso y acabar anclando mi boca en tu prominencia.
Quiero
Quiero comer en la cama y que te quejes porque he dejado migas entre las sábanas. -Eres un gruñón- diré, y enfurruñado como un niño buscarás mis quejas en forma de sollozos de cama.
Quiero
Quiero comer algo con cebolla y echarte el aliento.
Quiero
Quiero echarme tu colonia.
Quiero
Quiero, del verbo ser egoista. Lo extraño es que todo esto parece ser un compartiendo.
¿Qué quieres tú?
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