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sábado, 17 de marzo de 2012

Le he visto follando y comiendo.

Siempre soñé con escritores que me follaban con caricias, con susurro, que se fijaban en mi ropa interior incluso reían el relleno de ésta. Solía pensar que me ruborizaría si mis pezones no estuviesen lo suficientemente duros a su lado o si mi pelo no se erizara hasta la entonación que necesita nuestra rima consonante.
Imaginé que escribiría sobre mí con besos libres, que se fijaría en el pelo haciendo de él vello. Homonimia, hombre. Y deseaba, joder, deseaba notar los puntos en sus dedos y las comas en sus silencios. Tomar aire.

Pero no, los escritores cuando follan se vuelven reales. Todo ocurre en algún interior, yo creo que son reversibles. Van dados la vuelta, con las costuras por fuera. Que no os engañe una etiqueta, yo sólo pude reconocerle al verle comer con la furia y lírica con la que creía que me follaría. Con ojos melosos y brillantes.

Pero no me hagan ni caso, que yo sólo me baso en un escritor.


domingo, 26 de febrero de 2012

Soy amante de todas mis comidas

Soy amante de todas mis comidas- dijo sirviendo un vaso de zumo.
Erguido frente la nevera vestía ropa interior y un manchado delantal. Poco importan sus rasgos porque hay personas que nacen con ciertos talentos y a él esto le definía. Recordaba perfectamente el día que consulto uno de sus libros de cocina. Con lápiz y papel copió unas claves ya memorizadas, lo que sería su receta de vida adherida a la puerta del electrodoméstico.

En primer lugar debe adquirir una buena pieza, en su carnicería o paseando por las aceras. Sabrá que es de calidad porque marcará su cintura con cuerda. No estará entonces curada, deberá ser colgada. Una vez adquirida la materia prima debe convencerla para que se tumbe sobre la encimera. Trocee la pieza a caricias y deposite la casquería en un recipiente adicional. Sin calma ni paciencia trate la carne con embestidas y 'endesnudas'. Caliente su cuerpo a la temperatura deseada y, si gusta, añada besos y un chorrito de aceite. Engulla, muerda, acabe. Incluso saboree. Una vez saciado, deseche los huesos bien apurados y conserve las entrañas. No volverá a tener hambre.

Una erección se manifestó sobre la poca ropa que le cubría, una sonrisa era el preludio a un sonoro sorbo del jugo que sostenía.
Su zumo, carente de tropezones; ella, licuada y llena de tropiezos.

-Ahí no, hijo de puta.



viernes, 17 de febrero de 2012

(...)
- ¿Y ahora qué? ¿Te digo como no me siento?
- No, no, de eso nada. Toma primero asiento. Deja atrás la negación implícita que contradicen tus ojos cada vez que miras. Anda.
- Que no miro, que veo. Que no como con la mirada, que sólo dejo crecer el vello de mi entrecejo. De verás. No es más que eso.
- Basta. Bastas.
- No me quieras educada y delicada, no me quieras sin babas en esa dura almohada. No me quieras pies calientes. Quiéreme gorda de alma, que vacía no valgo nada.
- Vale, de acuerdo, pero ven y toma asiento, que me duelen los gemelos de follar contra la ventana.


martes, 14 de febrero de 2012

Pretendientes colgados.

Justo antes de pender.

Desde el sofá miro con deseo la ventana, lloro la obvia necesidad de cuerdas para tomar el aire. La lavadora se da por satisfecha cada vez que me asomo a su espejo, cuenta las veces que sonrío con las flores que inventa mi detergente. La ropa se congela con el frío de aquí dentro, de ahí fuera. Se ahoga, no recupera el aliento tras el desajuste de botones en aquella blusa durante el centrifugado, se destiñeron los pantalones sobre la ropa interior blanca. Mientras yo, acostada semidesnuda en el caprichoso salón, busco inmóvil en el cesto de los trapos sucios algo con tu olor. Algo que tender sobre mi cuerpo sin ayuda de pinzas. De madera. De plástico. De ayuda.
Mi madre siempre dijo que la ropa no podía dejarse mojada dentro de la lavadora. 
Pero yo les quiero, húmedos.


Intento adivinarte lleno de prendas aun desnudo, sin vacíos.
Le prefiero manchado.

domingo, 29 de enero de 2012

Qué contarte que no sepas.

Los números ya los conocemos, de memoria. Nosotros no, por enfatizar.
A mi cabeza se le antoja que vengas y decidamos juntos que contar. O que contemos en voz alta todo lo que podríamos contar si no nos interrumpiesen siempre estas ganas de no llevar la cuenta. De cuántos aguantarías esta noche, cuántas veces manosearía en voz baja el fajo de billetes con lo que te costó, en euros o en años, de cárcel o de olvido. Deberías ser notario, un notario en paro. Podría enseñarte que el INEM queda cerca de mi punto G. Que no tiene mucha pérdida si lo haces mal. Podría numerarte en la cola, podría colocarte en una escala con todos ellos, por alturas en horizontal, pero no quiero. No hay puestos vacantes, todos trabajan.
Por todo esto voy a contarte lo más mínimo, voy a eternizarme con ello. Voy a contar contigo, compañero.

viernes, 20 de enero de 2012

Demanda de mí.



Segunda convocatoria pública para la búsqueda. 
No sé si es sencillo. Instrucciones: Tú mira y rellena, mi día a poder ser. 

.Yo.

  • Que crea en las estaciones, en los meses de la vida, en 'másyo' y en 'sedtiembre', en los desenlaces y, sobre todo, en los nudos. 
  • Que se abroche la sonrisa a las orejas con las ganas. 
  • Que sólo sea materialista cuando decide donde disfrutar del paisaje, de su cuerpo o de su esfuerzo. 
  • Que no pierda el tiempo, que lo deje bien etiquetado en el camino de tanta gente que desearía encontrarlo. 
  • Que no se muerda las uñas porque se quedó con hambre tras el vaso de mar y el filete de polvo. 
  • Que suelte gallos en la melodía diaria de los despertares, ya sea Isabel Pantoja o Ricky Martin. 
  • Que calle poco y sienta mucho. (Que deje a las farolas mirar y al resto iluminar) 
  • Que bese, a diario, al espejo. 
  • Que no se rinda, que pierda el pronombre y crezca día a día.  
  • Y que falle siendo responsable.  
  • Que rellene todas estas casillas sin la certeza de poder cumplirlas y con la certeza de querer hacerlo.


(Hace un año escribía la primera convocatoria para la búsqueda, Demanda de él se llamó. Hoy escribo la segunda, y aunque sea una Demanda de mí, es mucho menos egoísta y caprichosa que la anterior. Y con esto no quiero dar a entender que esté madurando. Gracias por estar, leer y compartir -ar, -er, -ir.) 

sábado, 14 de enero de 2012

Con lo fácil que es preguntarle, decidí preguntarme.

Si sueño cada noche con su cuerpo y duermo unas 5 horas. ¿Mi somier es o no de láminas de madera?  
Si el corazón late entre 60 y 120 pulsaciones por minuto y bombea unos 5 litros de sangre por todo el organismo. ¿Cuánto tardaré en enamorarme?

Le faltan datos y no se le nota en la mirada. Los nervios no alcanzan la nuca de ella, tampoco su mano, ni ese ceño fruncido.
Él, vestido como aquel estudiante que no necesita pasar demasiadas horas delante del libro.
Necesito algo más, un esquema, un ejemplo, un beso, algo- murmuraba.
Una mirada al frente, un olisqueo y un par de dedos entre los enmarañados cabellos valieron para que su lapicero se posara en los problemas. Aquellos que deseó que pronto ella cometiera. Soberbio y sin rastro de las ojeras que provocan una noche en la que faltan caricias, comenzó desordenado el aprendizaje de soluciones.

Solucion 1.
La única madera está en tu corazón, y las láminas de tu colchón piden ser sustituidas por mis lametones en tu cuello, urgentemente.
Solución 2.
El corazón late de media a 90 pulsaciones. Tu naciste en el 92 y yo en el 88, la media, entre nosotros, también es 90. Por lo que, si A->B y B->C la solución es:
El corazón late, de media, entre nosotros.


(Un día de primavera tuvo que ser. Tuvo que ser.)

martes, 10 de enero de 2012

'el uno para-con el otro'

Voy a inventar un órgano inaudito, con tejidos de plástico que derramen gotas ardientes por mi garganta.
Opaco y simple. Dañino y termolábil.
Pero, sobre todo, que cree úlcera en tu estómago cuando recojas a lametazos un vómito provocado. Desechos insolubles de este petróleo capaz de ennegrecer tus silencios. Aquellos que están de menos.


(Hoy, y sólo porque ha pasado la media noche, que le den por culo al empirismo. La desciencia cierta me acuna porque tú ni me resultas.)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

A ver cuando te Kansas.

Las casualidades desaparecen.
El no mirarnos a la cara
aturdió nuestro ir y devenir.
Ya no veo tus miradas en mi carrillo marcadas.
Mi camino de baldosas amarillas
era un rastro de zapatillas deportivas.
Corrieron, huyeron, escogieron
hasta tus sucias pisadas.
Parece que por aquí
ya no suspiraras,
la lluvia ácida destiñó los recuerdos.
Ahora apesta a hueso desgastado,
queda un montón de chatarra
y finas briznas de paja.
Mas sólo somos arritmia,
astuta cobardía
y deseo, cerebral.

No vuelvas a salir sin paraguas
mi querido mejor amigo, Oz.

domingo, 27 de noviembre de 2011

El primer sábado de cada mes
abandona el viejo sofá estampado a flores de su salón.
Se aleja de la rutina, y se dirige al supermercado
con una pensión que no permite más que sobrevivir.
El sobremercado podríamos decir.

Se apresura entre pasillos,
su canoso cabello vuela con quietud entre estanterías.
Vuelca un puñado de latas de conserva,
recolecta sin cuidado unas cuantas hortalizas
y añade una cuña de queso aún por curar
a su carrito del subsistir.
Sus pasos acelerados sorprenden
hasta a los alimentos precocinados,
interrumpe el sosiego de las bebidas libres de gas.

Octavo pasillo, sección C, utensilios.
Sus pies se cierran, sus ojos se desplazan.
Torres, montones de recipientes apilados.
Tappers, tonalidades, transparecias.
Ella conoce su obsesión hacia aquel corredor.
Un sábado al mes calcula el tamaño de sus recuerdos,
planea el color, la forma del recipiente,
y decide si quiere almacenarlos al vacío o facilitar su recordar.

Ningún sábado compra uno.
Todavía está pagando el que no empezó a utilizar:
Su ataúd será de plástico y apto para recalentar.

jueves, 20 de octubre de 2011

Laberintos cíclicos.



Es curioso.
Yo estoy colada,
sin embargo,
eres tú quien se coló
por la arteria aorta.

Son días que oxigenas mis despertares,
que llenas mis pulmones de suspiros globulares.
Recorres el cayado de la aorta sigiloso,
desciendes dejando a un lado el tronco celíaco
y te detienes un segundo ante la arteria iliaca.
Disfrutas de ese calor que ya añorabas.

Mi cuerpo escupe un quejido,
quebranta tu falsa quietud.
Comienzas a sentirte vacío,
cada vez más reducido.
Mantienes la respiración conmigo,
deshaces el camino entredicho.

Vena ácigos, siempre con lo mismo.
Te elevas por la cava superior,
vuelves para bombear dentro del corazón.
Te has vuelto desecho,
imposible de absorber por mi cuerpo.
Me quitas el aire,
abarrotas mi mente:
te has vuelto nutriente.

Siempre en sangre; estéril.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Querido cuaderno de matemáticas...

Recuerdo mi primera clase de matemáticas.
Por entonces tenía 7 años, menos a mí todos mis asuntos les parecían sencillos a las personas que me rodeaban. La primera clase fue familiar. Recordaba sentir lo mismo cuando contaba con mi madre: los reconocí enseguida, esos eran los números.
Cuando conocí las matemáticas mejor me limité a sonreír. Sonreía a una pizarra, bueno, en concreto le sonreía a él, que obligado por nuestro profesor intentaba sumar dos nombres, para él comunes, para mí propios.

Lucía + Iván =

Aumentó la dificultad de las matemáticas y nuestra estatura. No por esto dejaron éstas de apasionarme, siempre con los deberes en la cabeza y el libro bien abierto, con los márgenes abarrotados de corazones esperanzados.
Debían coincidir los resultados.

Yo era buena en matemáticas, pero aquella tal Nuria era mucho mejor. Sus conclusiones siempre eran acertadas y recuadraba los resultados con bolígrafo fucsia. Él pedía ahora su ayuda cuando no comprendía los ejercicios de geometría, era yo quien no lo entendía.
Ese año empecé a odiar aquellos problemas de enunciados estúpidos sobre compartir los lápices de colores o cambiar cromos a la hora del recreo.
Fue la primera vez que suspendí matemáticas, fue la primera vez que lloré por matemáticas.

Tras las propiedades conmutativas, distributivas, el estudio de los números naturales, reales, la descomposición de números primos, el peso, las longitudes, el tiempo, la geometría, el área y los perímetros, las fracciones y su máxima simplificación, el mínimo común múltiplo, el máximo común divisor, correr la coma...creía sentirme preparada para resolver cualquier problema que rellenase los gruesos años de una vida hecha cuaderno de papel.
Sin embargo me sorprendieron las raíces cuadradas, las ecuaciones, X, XX, XXX, el sexo, las rectas, tus rectas que derivaban de funciones convexas, las curvas, mis curvas, los límites que no pude rozar cuando buscaba tus máximos y mínimos… y aquellos puntos de inflexión: querer odiarte, odiar quererte.

Recuerdo la primera vez que lloré por las matemáticas y comprendo que seguiré haciéndolo, aunque ahora entienda un puñado de términos más.

RECUERDA, para resolver la división debes correr la coma hacia la izquierda tantos espacios como ceros haya. Será todo tu-yo.
Querido cuaderno de matemáticas..., originalmente cargada por Sisenublaelsol.

martes, 13 de septiembre de 2011

A veces no puedes ser descriptiva.


Ella esperaba contra aquella farola, disimulando falsa quietud.
Él llegaba tarde.
Ella vestía vaqueros, una camiseta llena de mariposas y zapatillas.
Él llegaba tarde.
Ella miraba al suelo, sabía que si su mirada le encontraba su sonrisa crecería, delantando su entusiasmo. Sabía que si le miraba los nervios se desplazarían desde el estómago hacia las bragas.
Él, miedica de pelo en pecho, torció la esquina, miraba al frente y esperaba que su retraso intencionado no hubiese provocado una chica a la fuga.
Ella taconeaba sin sonido, de impaciencia.
Él caminaba dejando tras de sí el repiqueteo de unos zapatos brillantes contra las aceras. Se sentía orgulloso, mantenía el sentido correcto de esa extraña dirección: ella.
Ella sonrío al ver los brillantes zapatos rozando aquellas sucias zapatillas.
Y ocurrió, los nervios comenzaron a autocomplacerse, uno frente al otro, como una pareja que disfruta tocándose mientras el contrario observa.
Ella, fue ella quien le besó.
Él, fue él quien le pegó.

A veces no puedes ser descriptiva. Yo esta vez sí.
C/Ella- Madrid

jueves, 28 de julio de 2011

¡Eh, tú! ¡Hazme el arte!

Ella hace arte sólo con escribir "arte" sobre su piel.
Ella hace arte cuando pinta una sonrisa en su cara, cuando torna tu cuerpo a mineral aún por esculpir, cuando tus carcajadas se convierten en melodía y sus ronquidos en nana.
Ella hace arte cuando golpea los baldosines de la cocina con tres espaguetis ya cocinados, como hacía su abuela, y añade salpicaduras de tomate sobre su ropa.
Ella hace arte cuando no queda nada en la nevera y planta un plato sobre la mesa. Sembrando vuestra felicidad.
Ella hace arte cuando recoge su cabello alborotado sin despegar ni un centímetro vuestros cuerpos sudados. Hace arte si te obliga a ser escultura, si te pide que poses junto a ella con la polla en su interior todavía dura. -Estamos pintando nuestros recuerdos, ¿serías capaz de dormir así?- susurra justo después de morir.
Ella hace arte si se empañan los cristales por el frío que hace ahí fuera. Y lo perfecciona si los llena de letras inconexas.
Ella hace arte al canturrear en la ducha. Hace arte cuando danza desnuda por la habitación. Ya sea bailarina de flamenco o danza de tu vientre.
Ella hace arte cuando te dice que esa tripa te hace más atractivo y te ofrece una cerveza que acabará por beberse.
Ella hace arte si al depilarse las piernas olvida barrer el suelo, hace arte cuando argumenta su olvido con hacer arte.
Hace arte, y si no que se lo digan a tu sonrisa. Tonto enamorado del arte, del suyo.

Y así. Él también hace el arte, el arte de lo cotidiano.

martes, 5 de julio de 2011

Echó amarras desatando el cordel que vestía por cinturón, navegamos durante toda la noche hasta que arrojó el ancla por la borda y me desbordó con los gemidos del oleaje.

miércoles, 22 de junio de 2011

Me doy cuenta.
Llega el día 14 de mi ciclo menstrual y un óvulo decide abandonar el vacío que toda mujer tiene dentro. Ese que solo se llena con el amor de un hijo.
Me percato, unas micras me abandonan y se llevan consigo mi paciencia.
Comienzan a molestarme las pisadas de mis vecinos sobre las mías, el techo me susurra a gritos que estas paredes no son más que cuatro caladas al dos papeles que es la vida.
La suciedad me distrae, me provoca mientras me impide acabar con ella.
Mis familiares corretean haciendo vibrar mis paredes, acompañan su marcha enunciando palabras sin demasiado sentido.
¿A qué viene ese malgastar de la lengua? Más de uno, dos, tres quejidos silenciosos de almas que quieren ser escuchadas.
La física empuja la puerta, otro golpe, otro delicado y delirante golpe. El inodoro se atiza a sí mismo por el empuje de unas manos educadas, adicionadas a la gravedad. Y mi respiración se altera con cada sonrisa de venganza de ese óvulo tamaño punto y seguido.
Y le echo de menos, a ese gameto que me abandona un mes más por ser otra mujer insoportable.
Vuelvo a privarle del amor, de que una cabeza traspase los límites de esa membrana hecha piel. Y otro mes más no me acostumbro.
Te echo de menos, pero solo hasta mañana.



Muy semejante a una re-saca.

lunes, 25 de abril de 2011

Quiero.

Quiero arrancar los pelos de tus piernas, uno a uno. Mientras tú esperas, concentrado en no mediar palabra con la esperanza de que me canse de rebuscar tus quejidos.
Otro pelo muerto, privado de acompañar tu caminar. Siento celos hasta de ellos, siempre contigo, en continuo contacto con tu piel.
Quiero

Quiero darle un bocado a todas las magdalenas que haya en casa. Los picos azucarados que tanto me recuerdan a la anatomía de mis pezones. Lo siento, hoy no provarás ese bocado, pero si tienes hambre podré ser bollería. Magdalena, bizcocho o sobao pasiego.
Quiero

Quiero acabar el papel higienico. Abandonar el molesto cartón en tu cuarto de baño. Que tengas que gritar mi nombre en busca de ayuda. Mira, hasta me necesitas.
Quiero

Quiero mojar el pan en tu plato y dejarte sin salsa. Mantener la boca llena mientras sonríes y te preguntas como me quieres tanto.
Quiero

Quiero soplar en tu nariz. Acercarme a ti en busca de un beso y acabar anclando mi boca en tu prominencia.
Quiero

Quiero comer en la cama y que te quejes porque he dejado migas entre las sábanas. -Eres un gruñón- diré, y enfurruñado como un niño buscarás mis quejas en forma de sollozos de cama.
Quiero

Quiero comer algo con cebolla y echarte el aliento.
Quiero

Quiero echarme tu colonia.
Quiero

Quiero, del verbo ser egoista. Lo extraño es que todo esto parece ser un compartiendo.
¿Qué quieres tú?

jueves, 3 de febrero de 2011

Hoy he chupado(,) barro.


Hoy he chupado(,) barro., originalmente cargada por Sisenublaelsol.
Rodillas sucias,
pero firmes.
Caídas intencionadas
por el rasero de tus piernas.
Deletrearé tus pies,
dedo a dedo.
Negras rodillas
y blanca franela.
93% algodón,
7% elastano.
Debo lavarte a mano,
atribuye la etiqueta.

viernes, 28 de enero de 2011

Es culpa de...


Mi pene es de colores - vaciló - con él podrás ver toda la gama cromática de mis cromosomas. Por un XY.less than a minute ago via web

lunes, 24 de enero de 2011

Mierda de poeta


Mierda de poeta, originalmente cargada por Sisenublaelsol.
"No persigo la perfección, es una rubia natural y sosa y a estas alturas ya sé que las rubias de verdad, las peligrosas, las buenas, son las rubias de bote" Carlos Salem

Leer, leer a los demás, aprender y querer.
Cuestionarse los cambios, tus matices. Yo tengo respuestas, recuerdo quien es el culpable. Él que me grito el imperativo: -Balancéese entre poesía y otras letras, aunque no se sienta segura, aunque parezca que es su propio papel el que sostiene la esperanza.

La pregunta sigue siendo, ¿esperanza en qué?