(...)
- ¿Y ahora qué? ¿Te digo como no me siento?
- No, no, de eso nada. Toma primero asiento. Deja atrás la negación implícita que contradicen tus ojos cada vez que miras. Anda.
- Que no miro, que veo. Que no como con la mirada, que sólo dejo crecer el vello de mi entrecejo. De verás. No es más que eso.
- Basta. Bastas.
- No me quieras educada y delicada, no me quieras sin babas en esa dura almohada. No me quieras pies calientes. Quiéreme gorda de alma, que vacía no valgo nada.
- Vale, de acuerdo, pero ven y toma asiento, que me duelen los gemelos de follar contra la ventana.
viernes, 17 de febrero de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
Pretendientes colgados.
Justo antes de pender.
Desde el sofá miro con deseo la ventana, lloro la obvia necesidad de cuerdas para tomar el aire. La lavadora se da por satisfecha cada vez que me asomo a su espejo, cuenta las veces que sonrío con las flores que inventa mi detergente. La ropa se congela con el frío de aquí dentro, de ahí fuera. Se ahoga, no recupera el aliento tras el desajuste de botones en aquella blusa durante el centrifugado, se destiñeron los pantalones sobre la ropa interior blanca. Mientras yo, acostada semidesnuda en el caprichoso salón, busco inmóvil en el cesto de los trapos sucios algo con tu olor. Algo que tender sobre mi cuerpo sin ayuda de pinzas. De madera. De plástico. De ayuda.
Mi madre siempre dijo que la ropa no podía dejarse mojada dentro de la lavadora.
Pero yo les quiero, húmedos.
Intento adivinarte lleno de prendas aun desnudo, sin vacíos.
Le prefiero manchado.
domingo, 29 de enero de 2012
Qué contarte que no sepas.
Los números ya los conocemos, de memoria. Nosotros no, por enfatizar.
A mi cabeza se le antoja que vengas y decidamos juntos que contar. O que contemos en voz alta todo lo que podríamos contar si no nos interrumpiesen siempre estas ganas de no llevar la cuenta. De cuántos aguantarías esta noche, cuántas veces manosearía en voz baja el fajo de billetes con lo que te costó, en euros o en años, de cárcel o de olvido. Deberías ser notario, un notario en paro. Podría enseñarte que el INEM queda cerca de mi punto G. Que no tiene mucha pérdida si lo haces mal. Podría numerarte en la cola, podría colocarte en una escala con todos ellos, por alturas en horizontal, pero no quiero. No hay puestos vacantes, todos trabajan.
Por todo esto voy a contarte lo más mínimo, voy a eternizarme con ello. Voy a contar contigo, compañero.
A mi cabeza se le antoja que vengas y decidamos juntos que contar. O que contemos en voz alta todo lo que podríamos contar si no nos interrumpiesen siempre estas ganas de no llevar la cuenta. De cuántos aguantarías esta noche, cuántas veces manosearía en voz baja el fajo de billetes con lo que te costó, en euros o en años, de cárcel o de olvido. Deberías ser notario, un notario en paro. Podría enseñarte que el INEM queda cerca de mi punto G. Que no tiene mucha pérdida si lo haces mal. Podría numerarte en la cola, podría colocarte en una escala con todos ellos, por alturas en horizontal, pero no quiero. No hay puestos vacantes, todos trabajan.
Por todo esto voy a contarte lo más mínimo, voy a eternizarme con ello. Voy a contar contigo, compañero.
miércoles, 25 de enero de 2012
Robo narices a niños salamandra.
Tengo un cajón repleto, a rebosar de narices robadas a niños salamandra.
Parece que hasta te inviten a arrebatar su valiente olfato mientras agarran con esa fuerza inhumana los caramelos.
Ya no tengo excusa, los mocos se secan en mis manos: Voy a echarle narices.
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