lunes, 25 de abril de 2011

Quiero.

Quiero arrancar los pelos de tus piernas, uno a uno. Mientras tú esperas, concentrado en no mediar palabra con la esperanza de que me canse de rebuscar tus quejidos.
Otro pelo muerto, privado de acompañar tu caminar. Siento celos hasta de ellos, siempre contigo, en continuo contacto con tu piel.
Quiero

Quiero darle un bocado a todas las magdalenas que haya en casa. Los picos azucarados que tanto me recuerdan a la anatomía de mis pezones. Lo siento, hoy no provarás ese bocado, pero si tienes hambre podré ser bollería. Magdalena, bizcocho o sobao pasiego.
Quiero

Quiero acabar el papel higienico. Abandonar el molesto cartón en tu cuarto de baño. Que tengas que gritar mi nombre en busca de ayuda. Mira, hasta me necesitas.
Quiero

Quiero mojar el pan en tu plato y dejarte sin salsa. Mantener la boca llena mientras sonríes y te preguntas como me quieres tanto.
Quiero

Quiero soplar en tu nariz. Acercarme a ti en busca de un beso y acabar anclando mi boca en tu prominencia.
Quiero

Quiero comer en la cama y que te quejes porque he dejado migas entre las sábanas. -Eres un gruñón- diré, y enfurruñado como un niño buscarás mis quejas en forma de sollozos de cama.
Quiero

Quiero comer algo con cebolla y echarte el aliento.
Quiero

Quiero echarme tu colonia.
Quiero

Quiero, del verbo ser egoista. Lo extraño es que todo esto parece ser un compartiendo.
¿Qué quieres tú?

1 comentario:

Thermite dijo...

La dificultad de querer la nada se sobrelleva gracias a la permanente privación de incertidumbre.