miércoles, 18 de diciembre de 2013

NO ROMPER EN CASO DE INCENDIO

Nos encierran en una habitación, provocamos el incendio, nos intoxica el humo, gateamos aplastando oxígeno, la puerta late, los corazones chirrían, las paredes ennegrecen, y al final, a pesar de las lágrimas salta la alarma de incendios y nos extinguimos como el fuego y los dinosaurios. Como el recuerdo que tendremos en cuenta cuando seamos cenizas del próximo sofoco. La puerta se abre, y una flecha nos alerta : 'Cuidado con el escalón de la ventana.'

Hay qué joderse, todos los clichés que tragué para que la maldita llave se mantuviese en mi estómago.

Autobús 827 
Alcobendas / San Sebastián de los Reyes - Madrid




(Hoy se me acabó un bolígrafo sin estar escribiendo con él, un lapicero estropeó la cuchilla de un sacapuntas y otra etapa se esfumó. Total, que si necesitáis algún lapicero están en el cajón de los cuchillos jamoneros.)

1 comentario:

h i l i a dijo...

hay que provocar más incendios como el que has escrito. y, sin son así de productivos, viajar a menudo en el 827.