domingo, 30 de diciembre de 2012

2013

Me seguirás armando,
me seguirás revolviendo los nudillos,
los dedos que nacen en tu piel
son los mismos que rozan el gatillo
que abrirá fuego y creará
el retroceso con mayor daño
que el propio balazo.

Guardo todo el amor en la recámara de todo lo que detesto.
Ya que
- El puto retroceso sólo aparece
tras el balazo.


Echo tanto de menos tus manos que los nudos de estómago se han vuelto nudillos.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Hasta que la muerte nos sea fiel.


La Muerte cansada de separar comenzó a precipitar.
Echó de las camas a las ausencias y las abandonó heladas en congeladores,
impacientes ante el próximo apagón.
Cambió el azúcar por la sal, la cicatriz por el escozor,
llevó al zapatero el calzado que ya no retumbaba a mujeres ni arropaba a varones.

La Muerte asfixió los suspiros y prohibió todo sustento líquido que retroalimentara las cuencas oculares,
la verdadera muerte erradica la llantina.
Sustituyó toda la vajilla por cuencos de cartón y vasos de plástico,
la ironía de celebrar día a día separados los cumpleaños de una vida.
Hizo porcelana fina los huesos, osteogénesis;
creó nudos en la tráquea y en el estómago de forma fisiológica.
La Muerte vuelve cotidiano el amor.
No otra, y no es aquella.
No se lleva las ganas de sexo, ni la sexualidad, sino que trae cualquier perdedor de trenes a la cama con un ramo de oportunidades que marchitar.

La Muerte cansada de separar comenzó a precipitar y creó todos los monstruos bajo mi cama.
Ella se encargó de que los enamorados se rindieran antes de que tuviera que hacer su trabajo porque quedó atrapada en tu estroma interior, en tu sencillez simple, en un sentir feliz que hasta a ella resultaba amargo.
La Muerte no se va a olvidar de ti y quizás yo tampoco lo haga, pero, ¿de veras importa eso ahora?

Debo dejar de escribir sobre cosas que ya escribió Benedetti.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Trifulca III: Dos puede ser casualidad, tres se vuelve confirmación.

La negación que no destruye sino que confirma
es quedarme mientras te miro con todo ésto que no puedo dar flotando en el iris,
es mi pupila un agujero negro que todo traga,
que anhela ser dilatada por la luz cedida de una cama vacía.
Cuando no hacías falta,
era más necesario el parpadeo que el polvo suspendido.

En este ambiente, y en tantos otros,
conformismo es pedirte que te quedes sintiendo que te marchas.

(La trifulca número IV no será otra que de nuevo la primera, que precede al eterno negado en vida. Como debe ser.)

viernes, 9 de noviembre de 2012

Trifulca II: Me he mudado a los gimoteos.

Ya sé dónde van a parar todas las lágrimas que no derramamos. 
Hoy he sentido como una de ellas descendía por mi garganta. Aquellas gotas una vez acumuladas entre párpados son filtradas a través de la córnea dejando algún sodio entre tejidos, pocas encuentran su muerte silenciosa en las fosas nasales por evaporación mientras otras empapan la sangre con disimulados sollozos de conformismo.
Si nosotros fuéramos ciudades, si fuéramos lugares, si sin duda alguna somos habitados y recorridos, entonces, las lágrimas serían los poetas.

Y es que no son las miradas quienes gritan, sino un centilitro y pico de lágrima (aproximadamente diez mil microlitros de lírica) Un grito de lluvia, un grito de río, un grito catarata, un grito gotera, un grito de grifo. Azul intensamente transparente.
Un grito gotea, y por eso ya no lloro las noches por ti ni los días por mí.